
La edad adulta media y tardía (la llamada madurez) puede ser un momento emocionante y activo de la vida, toda una oportunidad y un renacimiento. Cada vez más, la longevidad va en aumento, pero es necesario acompañarla de un aumento también en la calidad de vida.
Una mujer occidental que hoy llega a los 50 años libre de cáncer y enfermedades del corazón podrá ver su 92 cumpleaños. El hombre promedio que hoy tiene 65 años puede esperar vivir hasta los 81. Esto equivale a una “segunda vida adulta”.
No sólo la salud y la longevidad de la población occidental va en continuo aumento, sino también la calidad de vida.
Aunque hay muchos factores que afectan la calidad de vida, la salud, tanto mental como física, es la piedra angular de una vida larga y de calidad. El National Institute on Aging estadounidense atribuye los logros en materia de salud entre los adultos mayores a los cambios de conducta o factores de estilo de vida. Así, las limitaciones a la movilidad y la discapacidad entre los ancianos estadounidenses está disminuyendo a un ritmo acelerado, pasando en cinco años del 26,2% al 19,7 %.
Múltiples estudios de investigación demuestran que los factores de estilo de vida tienen un profundo impacto en la salud en la edad madura.
El estilo de vida tiene incluso un mayor impacto que la genética. En los múltiples estudios realizados, entre ellos por el famoso Centro para el Control de Enfermedades o la Universidad de Princeton son varios los principales factores que aumentan la longevidad, previenen o retrasan la enfermedad, y mejoran la calidad de vida. Además, permiten aumentar la memoria y las capacidades cognitivas.
1) Ejercicio. Este en sí mismo es el factor más importante. La actividad física ayuda a las funciones cardiovasculares y respiratorias, disminuye la pérdida de la fuerza muscular, aumenta la masa ósea, facilita la digestión y las funciones intestinales, promueve el sueño profundo, y previene la depresión.
2) Nutrición. Esto incluye una dieta saludable, el uso de suplementos, y beber mucha agua. Los expertos abogan por una dieta baja en grasa, con un mínimo de 5 porciones de frutas y verduras, y de 2 a 4 porciones de productos lácteos bajos en grasa cada día. Un multivitamínico se recomienda para llenar los vacíos de la dieta, así como de 6 a 8 vasos de agua o líquidos para fomentar la óptima función de los órganos.
3) No fumar. Dejar de fumar reduce el riesgo de enfermedades del corazón, derrames cerebrales, algunos tipos de cáncer, la bronquitis y el enfisema.
4) Evitar el consumo excesivo de alcohol. Limitar el alcohol a una copa de vino o licor al día reduce el riesgo de enfermedades del hígado y ciertos tipos de cáncer. Sin embargo, cuanto más mayor te haces, más cauteloso debes ser, incluso al beber pequeñas cantidades.
5) Reducción del estrés. La reducción del estrés y la ansiedad ayuda a fortalecer el sistema inmunológico y disminuye la susceptibilidad a la enfermedad.
6) Cultivar relaciones satisfactorias. La interacción social y el apoyo reducen el estrés, ayudan al funcionamiento cognitivo, y previenen la depresión.
7) Desafiar a la mente. El aprendizaje de nuevas habilidades y la actividad mental regular promueve el funcionamiento mental saludable
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